Algunas viejas y sabias tradiciones nos vuelven niños de nuevo y por eso no deberían perderse nunca. La magia de los Reyes Magos y del Ratoncito Pérez destaca entre todas. Nada es comparable para un niño a la noche del cinco de enero o la brillante ilusión que supone depositar su diente de leche recién caído bajo la almohada.

Y aún siendo la tradición del Ratoncito Pérez tan difundida y continuada como la primera, sus raíces son quizá, menos conocidas. Para asegurar su continuidad y para que se perpetúe de padres a hijos como ha venido haciéndolo hasta ahora, queremos hablarte de su origen.

Cuentan las viejas tradiciones de las primitivas sociedades agrarias que las madres ofrecían a los ratones que crecían entre el grano los dientes de leche de sus hijos. Con ello buscaban aunar la fertilidad de sus campos con el crecimiento de unos niños fuertes y sanos. En definitiva, los viejos ritos y creencias de la madurez y de los ciclos de la naturaleza.

En todo el mundo hay tradiciones que recogen, con algunas variantes, estas creencias y costumbres.



En general en las culturas de ámbito mediterráneo, en Francia, por ejemplo, también se habla de un roedor, en este caso llamado Petite Souris (ratoncito). En ámbitos de influencia anglosajona (EEUU, Inglaterra, Australia y Filipinas) nos encontramos con el Hada de los Dientes (Tooth Fairy).



Es curioso el caso de Canadá, país que comparte ambos ámbitos culturales, anglófilo y francófilo, y en el que coexisten los dos tipos de personajes, siempre depositando un regalo o moneda debajo de la almohada de sus pequeños amigos.




En otros países, como Bulgaria, son las abuelas las que por la noche se ocupan de tan bonita tarea, mientras en Noruega el diente se deja en un vaso. A la mañana siguiente el pequeño encontrará unas monedas en su lugar.



El caso de España, y el de la mayor parte de los países hispanoamericanos (sobretodo México, Argentina y Colombia), es muy especial, ya que hablamos de un roedor con nombre y apellido propios: RATÓN PEREZ

Y por último, ratones anónimos tratan de hacer felices a niños en Suiza, Polonia, Perú, Venezuela e incluso en La India.